CONDUCTA Y SALUD
Por Ramon Vasco V.
Durante
mucho tiempo, las enfermedades infecciosas ocuparon la mayor parte de la
investigación médica, debido a que eran las principales causas de mortalidad,
situación muy frecuente a finales del siglo diecinueve y aun a principios del
siglo veinte. No obstante, poco a poco la atención comenzó a centrarse en
padecimientos derivados de conductas de riesgo y estilos de vida poco
saludables que acarreaban enfermedades tales como cáncer, problemas
cardiovasculares, demencia, etc. Los países tercer mundistas son quizá los más
afectados, debido a la situación económica que enfrentan, pues además de ser
más vulnerables a epidemias infecciones, el estilo de vida que tienen no es tan
saludable como el de países más avanzados, por ello, el riesgo de presentar
alguna condición médica grave está siempre latente.
La
conducta es sin duda un factor crucial en el bienestar de las personas, ya que
nuestra forma de comportarnos determinará en gran parte si queremos estar bien
o adoptar una forma de vida poco benéfica que nos lleve a la enfermedad. Aun
cuando muchas enfermedades son ocasionadas por factores externos, la
vulnerabilidad y la exposición a estos agentes está también determinado por el
comportamiento de las personas; incluso aun cuando la enfermedad ya se ha
manifestado, la conducta influye mucho en la recuperación y el seguimiento del
tratamiento.

El
interés por el estudio de la conducta con relación a la salud (o enfermedad) ha
permitido la creación de estrategias y métodos de prevención a fin de erradicar
o por lo menos disminuir conductas que conllevan a enfermedades. Muchas
campañas de salud giran en torno a fomentar la higiene y la sana alimentación
para prevenir enfermedades infecciosas, al uso de métodos de protección para no
ser contagiado por enfermedades de transmisión sexual, a la actividad y
ejercicio físico para combatir el sobrepeso y con ello evitar la aparición de
problemas cardiovasculares o la diabetes, o hasta campañas contra el
alcoholismo y las adicciones. El que las personas atiendan a estas medidas y
opten por un estilo de vida saludable es algo que pudiera considerarse como
optativo, especialmente en aquellos lugares donde las condiciones y recursos
realmente lo permiten; porque, que pasa con las comunidades en donde la escasez
de agua, de recursos alimenticios, de facilidades de atención médica, etc. no
son lo suficiente como para que la gente pueda tener la facilidad de optar por
una forma de vida sana. Es decir, en países desarrollados, el adoptar un estilo
de vida sano es cuestión de decisión, en contraste con los países
subdesarrollados en donde las condiciones no permiten que la gente pueda optar
libremente por un modo de vida saludable por tantas limitaciones que su medio
precario les presenta.
Dentro
de las conductas de riesgo se puede hacer una especie de distinción entre
aquellas conductas o hábitos comunes a toda la gente (no lavarse las manos, no
abrigarse, etc.), hasta aquellas en las que solo un sector de la población
incurre, tal es el caso de elegir un hábito perjudicial (no hacer ejercicio,
comer en exceso, fumar, etc.).
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