LAS EMOCIONES. ASPECTOS CENTRALES DE LA MOTIVACION EMOCIONAL
Y AFECTIVA.
Por Fernando Arrieta López y Cinthya Trejo Zámano
Como se sabe las emociones responden a dos sistemas
sincrónicos que las activan y regulan.
Uno de esos sistemas, el BIOLÓGICO es innato, espontáneo y
fisiológico y reacciona de manera involuntaria a los estimulos emocionales del
entorno, el segundo sistema es el COGNITIVO que se basa en la experiencia del
individuo, y reacciona de forma interpretativa y social. Ambos se combinan para
proporcionar un elemento emocional altamente adaptativo (Buck, 1984).
Cada uno de estos sistemas es particular, pero no
individual, es decir, no son precursores y mediadores de la emoción de forma
unitaria, se manejan en un conjunto, funcionando ambos a la vez. Creando una
estructura dual y dinámica, con elementos de causa y efecto. La emoción es un
proceso complejo de retroalimentación, es un sistema conjunto en el que cada
elemento esta interrelacionado (Plunchik, 1985). Fig. 1.1
Fig. 1.1
Por ser sumamente complejo, el estudio de la emoción no sólo
se ha encargado de dividir los fundamentos, analizarlos y luego compenetrarlos
en un sistema unitario. También se debe hacer una recombinación sistémica de
dichos fundamentos. Para una visión general de los muchos aspectos de la
emoción, se desarrolló el modelo multisistémico de la activación de la emoción,
el cual fue propuesto por Izard (1993). Dando validez a las siguientes causas
de la emoción.
Sistemas Neuronales (Reacciones fisiológicas cerebrales ante
un estímulo emocional)
Sistema Sensoriomotor (Respuesta corporal y facial;
expresión, postura, tensión, relajamiento, etc.)
Sistemas Motivacionales (Percepción del estímulo, sabor,
olor, imagen, dolor, etc.)
Sistemas Cognitivos (Juicio y razonamiento, memoria,
recuperación de experiencias, sentimiento)
Sistemas Sociales (Imitación, “contagio”, confirmación de
identidad, rol y personalidad)
De este modo conjuntando ambos modelos tenemos un sistema,
dual, dinámico, y multisistémico, en el que los elementos se relacionan entre
sí. Puede ser entendido de la siguiente manera, en el instante en el que se
presenta un estímulo afectivo o emocional significativo, se encienden dos de
los sistemas antes mencionados, dando paso al primer momento del sistema de
Plunchik, el sistema neuronal, con los cambios a nivel límbico y cortical, y el
sistema motivacional, en el que el estímulo es recibido, asimilado y provoca
una respuesta fisiológica y psicológica en el organismo; en un segundo momento
dado como la preparación para la acción y los despliegues expresivos se
manifiestan otros dos sistemas, el cognitivo, en el que la memoria y la
recuperación de experiencias dan “sentido a la emoción”, y el sensoriomotor,
con la respuesta facial que corresponde a la emoción e incluso tal vez un
cambio corporal en postura o de reflejo, ambos adaptativos. Posteriormente en
el último momento entrarán en acción los dos sistemas finales, el primero el
cognitivo, conjuntando todas las reacciones ya mencionadas como la experiencia
y el razonamiento, a la creación de un “concepto” representativo que conjunte
el significado de las respuestas: el sentimiento. Aunado a este la respuesta
del sistema social, como una conducta aprendida, y de cuya eficacia y
funcionalidad se irá construyendo un modelo mucho más complejo, la identidad.
Todo esto una vez conjuntado, nos da como respuesta la emoción.
Ahora bien, a modo complementario se aclaran dos términos,
estímulo afectivo y emocional y el tipo de emociones, no en general, sino las
que aquí interesan.
En primer lugar aunque aquí se ocupan como términos
semejantes, existen dos diferencias entre el estímulo emocional y el afectivo,
el primero provoca una emoción y es interiorizado, y el segundo proviene de
cierto punto con carácter afectivo y no necesariamente se interioriza, muchas
veces se reproduce (Ekman, 1994 y Clark, et al. 1994). Para ejemplificar esto:
un estímulo emocional, como un imagen en la que se ve una pareja besándose,
provoca una emoción (normalmente positiva, tranquilidad o felicidad) y es
interiorizado mediante el proceso que ya hemos hablado antes, un estímulo
afectivo, sería la misma imagen con una clara tendencia positiva, provocar por
ejemplo, amor en vez de envidia, a esto se le llama valencia afectiva, y se
explicará luego, la intención en este caso no es que la persona interiorice la
emoción, sino que la reproduzca y así mismo la cree conceptualizada, por
ejemplo, amor o enamoramiento. El conjunto de ambas situaciones nos da como
resultado una actividad psicológica y fisiológica de respuesta evocativa, es
decir es una motivación emotiva o afectiva, que, ante todo, promueve o estimula
la identificación y reconocimiento de la emoción basándose en la valencia o
valor afectivo del estímulo. Dados estos elementos, partimos de identificar como
precursores de la evocación emotiva que aquí nos interesa a los estímulos
emotivos y afectivos, conjuntándolos en uno solo.
En segundo lugar, cuántas emociones existen, las llamadas
Emociones Básicas, consideradas en un nivel muy general, son las que cumplen
con lo siguiente:
1. Innatas
2. Surgen bajo las mismas circunstancias o frente a los
mismos estímulos
3. Se expresan de manera exclusiva y distinta, es decir son
diferenciales
4. Evocan así mismo un patrón de respuesta específico y
distintivo.
Si bien existe una lista muy variada, y cada investigador
incluye las suyas, se consigue un patrón marcado en el que se presentan
identificadas las siguientes seis emociones. Miedo, ira, repugnancia, tristeza,
alegría e interés (Ekman, 1992; Izard 1991, Shaver et al. 1987).
Es evidente que existen infinidad de emociones, aparte de
las ya mencionadas, el llamarlas básicas no es como orden de jerarquización
sino porque todas las que les subyacen, corresponden directa o indirectamente a
alguna de ellas.
Los procesos cognitivos de las emociones, son a fin de
cuentas quienes intervienen entre las condiciones ambientales, y la reactividad
y recepción conductual y fisiológica. Una valoración general por ejemplo del
estímulo emocional o afectivo, sería a priori Bueno y Malo, en cuanto a que sea
dañino o beneficioso en general, a lo que sigue una experiencia de simpatía o
antipatía en forma inmediata y automática (Arnold, M. 1960-1970). La valoración
Primaria y Secundaria, corresponde a la relevancia y la coherencia de la
situación presentada (el estímulo), en este sentido, la respuesta emotiva hacia
dicha emoción será de enfrentamiento, pero significará procesos distintos
dentro de un mismo campo emotivo (Lazarus 1991). Es decir, que la función de la
forma en que se valora la situación cambia, primero valorando la relación con
el estímulo (relevancia, 1ª Valoración), y luego la potencialidad de
enfrentamiento o respuesta (coherencia, 2ª Valoración). Entonces tenemos una
serie nueva de emociones, divididas entre positivas y negativas, y cuyas
valoraciones subsecuentes (primaria y secundaria) dependerán del individuo una
vez que le sean representativas de acuerdo a las estructuras cognitivas propias
ya aprendidas y desarrolladas. Fig. 1.2

Figura 1.2
El hecho de definirlas aquí como positivas y negativas, es
precisamente porque este tipo de diferenciación dicotómica es la que se plantea
para el trabajo, ahora bien por último. Sentir una emoción, por sí mismo no nos
dice nada, se debe conceptualizar, como ya se ha dicho antes, esta definición o
conceptualización, el darle sentido al sentimiento es una de las partes del
proceso de la emoción desde que se recibe el estímulo emotivo o afectivo, es
decir, la emoción es de carácter nominal y como tal requiere del lenguaje para
ser identificada y reconocida, para luego ser reproducida, ya sea como
aprendizaje simple o respondiendo a una introspección propia (en este caso,
solicitada).
La cognición (valoración) precede a la emoción, pero la
cognición también sigue a la emoción. Las emociones causan cambios en la
cognición, como las atribuciones, las funciones de enfrentamiento y resolución,
la autoverificación y la recuperación de recuerdos. Puesto que estos nuevos
elementos cognitivos se añaden a la experiencia, la emoción es resultado de una
acumulación no sólo de la valoración, sino también de tales elementos
cognitivos adicionales.
El conocimiento de la emoción en los niños es por ejemplo
únicamente respecto a las emociones básicas, conforme la gente adquiere
experiencia mediante diferentes situaciones aprende a discriminar matices de la
misma emoción. Los matices de la alegría, por ejemplo incluyen la felicidad, el
alivio, el optimismo, el orgullo, la satisfacción y la gratitud. Los matices de
la ira incluyen la furia, la hostilidad, la venganza, la rabia, el agravio y la
cólera. Las distinciones se almacenan de manera cognitiva como jerarquías de
emociones básicas y sus derivados (Shaver et al. 1987).
Gran parte de la diversidad de la experiencia de la emoción
se debe al aprendizaje de finas distinciones entre las emociones y las
situaciones específicas que las causan. Los teóricos de la valoración creen que
existen tantas emociones como posibilidades de valoración cognitiva de una
situación (Ellsworth y Smith, 1988). Por ejemplo, un individuo que ha perdido
terreno ante un rival tal vez experimente aflicción, ira, miedo, repugnancia y
celos (Hupka, 1984). Uno aprende que estas emociones coinciden y están por
tanto relacionadas entre ellas, se encuentra un modo de definirlas
semánticamente. También aprende que otras emociones (el amor y la alegría)
están muy alejadas de este cúmulo de experiencias emocionales. Por último, se
aprenden las diferencias entre los matices de la ira, las diferencias entre
celos, odio, irritación, etc., ahora la emoción entra en los parámetros de la
sintaxis, y se tiene en conjunto una definición aprendida y concreta de la
emoción; a la larga tal aprendizaje proporciona un conocimiento de la emoción,
él posibilita que el individuo valore situaciones con discriminación y en
consecuencia responda con emociones apropiadas para la situación.
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