PSICOANÁLISIS SILVESTRE O SALVAJE
Con alusión al documento escrito por el padre del psicoanálisis Sigmund Freud en 1910.
El
psicoanálisis, es, valga la expresión, un arte; y no lo es porque este
basado en la cultura, en lo bello o lo sublime o porque provoque a
nuestros sentidos una exaltación casi inconcebible.
Es
un arte porque requiere seguir su desarrollo encuadrado en una
disciplina, es un arte porque se vale de la creatividad y talento de
quien lo practica; consiste en una responsabilidad mediante la cual las
aptitudes y capacidades del artesano, o el artista por decirlo así, del
psicoanalista, dan o no un resultado favorable. Siguiendo con la
comparación la obra del artista cautiva o no.
El
psicoanalista, como el artista, no se desarrolla en cualquier
individuo, sin embargo, a diferencia del artista, no es necesario un
talento innato, si bien ayudaría mucho de principio. El punto central del escrito en
el que Freud nos habla del “psicoanalisis silvestre o salvaje” es
precisamente éste, no cualquiera es capaz de entender y reproducir los
conceptos del psicoanálisis. Es por tanto un arte del cual, el cultivo,
conocimiento y maestría, forman parte esencial.
Queda
claro que no se pueden dejar de lado partes fundamentales, si se
psiconaliza, se hace de forma completa, concisa y efectiva. No se pueden
tampoco dejar de seguir los parámetros de la terapia, se debe tener
cuidado con lo que se le dice al paciente, y sobretodo, se debe conocer
con certeza, todo el panorama que abarca este arte llamado
psicoanálisis.
Cuando
se piensa en la posibilidad de conseguir curar o superar una enfermedad
de tipo neurótica, a través de su justificación en la somatización del
paciente; como dice Freud, todo parece facilitarse de forma
extraordinaria; sin embargo, es como si el paciente se plantease para sí
mismo una razón que le deje tranquilo, basada en encontrar una causa al
estado anímico respecto a las condiciones orgánicas; y a esa conclusión,
cualquiera podría llegar, sin necesidad de médicos. Un origen
psicológico respecto al origen orgánico, inhabilitaría la utilidad de la
psicología. No podemos olvidar lo subjetivo, hacerlo sería perder esa
parte exquisita, de la neurosis científica, en que no todo se basa en
ver para creer.
De
este modo el médico, no adrede claro está, puede perder el fin
esencial de la terapia, y entre ello olvidar el propósito del
psicoanálisis o peor aún el del psicoanalista también. Por el manejo que
se da del caso, un médico puede desvirtuar la razón primera que ha
causado el diagnóstico ya conocido; eso, claro está, si por fortuna se
ha obtenido un diagnóstico adecuado y correctamente establecido.
Después, podría dar una solución con varios detalles erróneos: el
primero, ser innecesaria o no ajustable al padecimiento que se pretende
erradicar, por ser éste equivocadamente diagnosticado; el segundo, dar
una orden expresa, mediante la confianza de ser “el médico” y dictaminar
cómo y por qué el paciente debe seguir su consejo para recuperarse. Y
tercero y último, un arma de doble filo, decir al paciente con total
honestidad, de forma tan directa, y en un momento tan pronto, sus
padecimientos, qué los causa y dónde y por qué está el problema (a su
criterio); porque o bien inclina al paciente a una negación indefinida
(casi inevitablemente) o bien, en algunos casos, después del reniego del
médico y de su dictamen, y de la represión de la enfermedad y la causa
de ésta a nivel psicológico, el paciente tiende a aceptar y encaminar su
conducta hacia ciertos parámetros que después de todo, conducen a la
curación.
El
psicoanálisis salvaje, es un arte no controlado aún, como su nombre lo
dice, no ha sido domesticado por quien lo practica. Quien incurre en
éste, sólo carece del conocimiento necesario, y por tanto (según Freud, y
coincido) no debe ser considerado un criminal; si bien sus actos
parecieran verdaderos ataque directos hacia lo que hoy en día, y en ese
tiempo, se conocía como psicoanálisis; hacia su aplicación y método ya
de por sí tan cuestionados. Sin embargo, este camino es el que parece
tener que atravesar el psicoanálisis en su búsqueda de volverse
doméstico, comprensible y practicable, ha avanzado, librando obstáculos,
que le fortalecen y enriquecen. Con todo y por lo mientras, el
psicoanálisis es un lujo que se adquiere, tras el reforzamiento de su
conocimiento, y el ser psicoanalista sólo lo da el hecho puro y nato de
domesticarlo para sí, y luego, para los demás.
Si esta ya dicho por Freud, es una verdad que como todo con el tiempo, se ha modificado, el Psicoanálisis comienza a ser menos salvaje, pero se cruzo la linea con demasiado ímpetu y se le domesticó en demasía, se vende ahora como un producto al mejor postor, parte de lo sublime en esta disciplina es la libertad con la que recorre de un lado a otro la psique del analista, y la psique del paciente; se le puso precio al arte, se le convirtió en un producto. Queda en los psicólogos con orientación psicoanalítica, y en todo aquel que se encuentre cautivado por este arte, volver a convertirlo en un servicio a disposición del cliente, y no en un producto que ha de pagar con elevado costo como si de un lujo se tratara.
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