EL ABANDONO DE LA COMPETENCIA
Basado en K. Horney
Por Fernando Arrieta L.
En este capítulo
la autora nos plantea una propuesta diametralmente opuesta y contradictoria,
tal como es la naturaleza del neurótico, a la propuesta del capítulo anterior.
En este texto, nos habla acerca del abandono de la competencia, situación en la
cual “cae” el neurótico por persecución de un bien mayor, tendencia que
coincide con las ya mencionadas de “preferir” renunciar o evitar en este caso
la competencia, por conseguir que reduzca la angustia y la consecuente
hostilidad, que generaría en todo caso el fracaso y el éxito, únicos dos
resultados de adentrarse en el afán de competencia.
Desglosando un poco más estos
puntos encontramos por ejemplo, que la fuerza que alimenta el renunciamiento o
el abandono de cualquier situación o actividad, pero incluso actitudes que
representen algún tipo de competencia, está caracterizada porque ante la
competencia se ponen en juego las capacidades y vulnerabilidades propias, y
demasiada capacidad ligada neuróticamente al éxito o la probabilidad de este, así
como demasiada vulnerabilidad ligada neuróticamente al fracaso o a la
probabilidad de este, significa exponerse a la burla, a la envidia, o en resumidas
cuentas a la hostilidad de las demás personas lo cual, a priori, y nuevamente
afectando al pensamiento neurótico, merma la consecución del afán de afecto, o
dicho de otro modo, es imposible que siendo admirado y envidiado por los éxitos
o rechazado y víctima de burla por los fracasos, se consiga que las demás
personas otorguen a la par afecto, apoyo, comprensión o cariño.

Este saber, en el que cae el
neurótico de que su propia lucha por conseguir éxitos y el riesgo intrínseco de
fracasar, le promueve a rechazar los intentos que lo ponen ante tal situación,
perdiendo el bien primario de la ambición y la competencia por el bien mayor
del afecto suponiendo que al ser una persona “nulificada” conseguirá adaptarse
a las exigencias de los demás de tal modo que pueda ser susceptible de sus
afectos.
Desafortunadamente esta renuncia
no es tan sencilla, al estar alimentada por la tendencia paranoica de creer que
los demás saben, al igual que el neurótico, que su competencia no es leal y se
basa en ser el “único mejor” además de la intención de infligir prácticamente
todo el daño posible y posteriormente humillar con su victoria, será siempre
alimentada por el temor, o mejor dicho por el miedo a la reacción, que sería de
rechazo, de los demás.
De esta manera en la renuncia va
implícita una gran carga de hostilidad, que nuevamente al dejarse a un lado por
el bien mayor de la consecusion en la necesidad neurótica de afecto, causara
angustia, relegando a un ser ya prácticamente sin opciones de “salida” a una posición
que como se ha dicho antes se caracteriza por la pasividad y ha de convertir al
neurótico en una persona prácticamente nula.
Finalmente y como comentario
tangencial a la idea antes plasmada, este neurótico reducido casi a nada por
elementos autoinflingidos y culpas autoreprochadas, terminara por estructurar
varios “intentos” en su afán de no renunciar a lo que le queda, el mismo. De
ahí, que el afán de grandeza, que dista del afán normal y del psicótico por
situarse justo entre estos dos, terminara por conformarse como una defensa a
la, ahora clara, inferioridad y vulnerabilidad del neurótico, será entonces una
persona capaz, superior y que no compite ya que no es necesario y no por
incapacidad, ya no debe mostrar nada porque simple y sencillamente ha
conseguido “ser el único mejor”. Sin embargo constantes realidades le
demostraran su equivocación y sumirán aún más en una realidad cuyo contexto lo
vuelve un “fracasado” quien nuevamente ha de temer perder por no ser valioso
para ello, el afecto y el cariño de los demás.
Nuevamente aquí, como en tantas
otras características de la neurosis no solo se refleja la contradicción
implícita entre la necesidad de competencia que choca y que encarcela al
neurótico entre con su necesidad de afecto; de igual manera se esboza el
circulo vicioso intrínseco en todo el proceso dinámico, a veces más bien
estático que gira sobre la composición patológica de la neurosis, cuyo carácter
se dibuja pues, como el de una enfermedad degenerativa y crónica.
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